EL JOROBADO O ENRIQUE DE LAGARDERE
EL JOROBADO O ENRIQUE DE LAGARDERE
Crítica literaria gamberra de El jorobado o Enrique de Lagardère
I. Introducción: el club de fans de las chepas
Lo primero que uno piensa al leer el título es: “¿Pero esto va de un pobre hombre con la espalda torcida que recita poemas tristes al pie de Notre Dame?”. Pues no, amiguitos: aquí no hay Victor Hugo, ni campanas, ni cuasimodos melancólicos. Aquí lo que tenemos es una fiesta de espadazos, bebés en peligro, señores con capa y espada que no saben decir una frase sin soltar latinajos, y un protagonista que, para despistar, se disfraza de jorobado. Sí, disfrazarse de jorobado. Ya ven ustedes que el ingenio del siglo XIX no conocía límites.
La novela de Paul Féval es como una paella literaria con chorizo, pollo, conejo, mejillones, calamares y un oso panda: un revoltijo imposible, pero que al final, oye, engancha. Porque si algo tenía el folletín decimonónico era capacidad para enganchar al lector a base de cliffhangers, misterios, puñaladas traperas y revelaciones de esas que harían llorar de envidia a las telenovelas turcas de Netflix.
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II. La trama: cuando Shakespeare se emborracha con vino barato
Resumir la trama de El jorobado es como intentar doblar una colchoneta de playa sin acabar sudando y llorando: misión casi imposible. Pero vamos allá:
Tenemos a un joven espadachín, Enrique de Lagardère, que es como el primo lejano de D’Artagnan, pero con más ganas de hacerse notar.
Este muchacho se topa con un malvado con nombre de detergente: el Príncipe de Gonzague. Este villano es tan pérfido que, si pudiera, cobraría IVA por respirar.
El malvado Gonzague asesina a su primo, el duque de Nevers (no confundir con “Never”, porque aquí todos se mueren de verdad). Pero antes de caer desplomado como pollo en feria, el duque le encarga a Enrique que proteja a su hija recién nacida. ¡Tachán! Ya tenemos bebé huérfana en peligro.
Enrique, que es buena gente, se convierte en niñera profesional y se dedica a esconder y cuidar a la criatura mientras planea una venganza más elaborada que una receta de Ferran Adrià.
Pero como todo héroe de folletín necesita un truco, Enrique se disfraza de jorobado, se mete en el castillo de Gonzague y se dedica a soltar la frase más famosa de la novela: “¡Si no vienes a Lagardère, Lagardère irá a ti!”, que básicamente significa “si no vienes a que te apuñale, no te preocupes, ya voy yo”.
La trama, en resumen, es una orgía de espadas, disfraces, bebés, venganzas, traiciones y frases lapidarias. Vamos, que Shakespeare se muere otra vez si lo ve.
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III. Los personajes: caricaturas con capa
Lo mejor de la novela es que los personajes parecen sacados de un parque temático de clichés.
1. Enrique de Lagardère: héroe guapo, joven, ágil, espadachín, tan noble que da ganas de darle un bocadillo para que deje de sufrir. Pero también un poco teatrero, porque disfrazarse de jorobado para montar un show de venganza es como si Batman dijera: “Mejor voy de payaso del Burger King para despistar”.
2. El príncipe de Gonzague: el malo malísimo. Es la personificación de la corrupción, la ambición y la cara de estreñido perpetuo. Un villano tan exagerado que cuando aparece casi se escucha un órgano de iglesia tocando música lúgubre.
3. Aurora de Nevers: la niña huérfana que crece en secreto. Su papel es ser la escusa argumental con coletas: todo el mundo pelea, conspira y se disfraza por ella. En cuanto aparece de adulta, es la típica damisela que se desmaya con facilidad, como si los corsés le cortaran la circulación al cerebro.
4. El duque de Nevers: aparece poco, porque lo matan enseguida, pero tiene el honor de ser el motor de toda la trama. Vamos, que muere en la página 50 y aún se habla de él en la 500. Es como el tío pesado de la familia que no va a la boda, pero todos lo mencionan.
5. Secundarios varios: criados leales, bribones de tres al cuarto, gente del pueblo que sirve de coro griego, y un montón de nobles cuya función principal es gritar “¡Honor, justicia, venganza!” mientras se pelean por la última copa de vino.
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IV. El mensaje: venganza, bebés y chepas
El mensaje de la novela es claro como un caldo de sobre: la justicia siempre triunfa, aunque tenga que disfrazarse de jorobado y esperar veinte años a que el malo baje la guardia.
El libro nos enseña que:
Los bebés siempre acaban bien si tienen un espadachín soltero que hace de canguro.
Los villanos, por más que se escondan tras títulos nobiliarios, acaban recibiendo estocadas.
La venganza no solo es dulce, sino que además da para novelas en varios tomos y obras teatrales.
Si tienes que disfrazarte, hazlo con estilo: una joroba de mentira da puntos de dramatismo que nunca vienen mal.
Vamos, que el mensaje es un cóctel de moralina cristiana (“el bien triunfa”), telenovela (“los secretos salen a la luz”) y circo (“mira qué disfraz más chulo me he puesto”).
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V. Conclusión: fiesta de espadas y telenovela con chepa
El jorobado o Enrique de Lagardère no es literatura para ponerse gafas de pasta y recitar en un seminario de filosofía. Esto es literatura para leer con palomitas, reírse de las exageraciones, disfrutar de los duelos a espada y aplaudir cuando el héroe suelta su frase épica mientras se rasca la falsa joroba.
Es, en definitiva, el equivalente decimonónico a esas películas de acción donde el héroe salta de un helicóptero en llamas, aterriza en un barco y rescata a un bebé mientras cita a Confucio. Una novela que te hace pensar: “Ojalá hubiera más venganzas con jorobas postizas en la literatura”.
Por eso, aunque hoy se lea con una sonrisa torcida, sigue teniendo su encanto: el de un folletín desvergonzado que no pide perdón por exagerar, por montar líos, por disfrazar a su héroe de jorobado ni por dejar a su villano mordiéndose los bigotes como gato enojado.
Y si alguien me pregunta: “¿Qué conclusión sacamos de todo esto?”, la respuesta es obvia: que siempre es útil llevar en casa una joroba falsa. Nunca se sabe cuándo te va a hacer falta para vengarte de un malnacido.
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Palabras finales: homenaje absurdo
Paul Féval, ese genio del folletín, no inventó la pólvora, pero inventó algo mucho mejor: la chepa vengadora. Y por eso, desde aquí, proponemos que en cada biblioteca pública haya un maniquí vestido de jorobado con una espada de plástico, para recordar a todos que la literatura también sirve para reírse, para emocionarse y para gritar con voz ronca:
“¡Si no vienes a Lagardère, Lagardère irá a ti!”
Y créanme: después de este culebrón, lo único que quiero es que Lagardère venga a mí, pero con unas tapas y un buen vino.
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El Jorobado en el siglo XXI
(Escenario: oficina de empresa moderna. Pantallas con gráficos inútiles, plantas de plástico y un cartel que dice “We are family”)
Gonzague (jefe malvado, trajeado):
—Equipo, hoy tenemos que aumentar la productividad un 300%. ¿Ideas?
Empleado random:
—Podríamos pagar horas extra.
Gonzague:
—¡Despedido!
(Entra Enrique de Lagardère con una mochila de Glovo, la espalda torcida como signo de identidad)
Lagardère (voz grave):
—He traído tu pedido. Y tu destino.
Gonzague (mirándolo raro):
—¿Pero tú quién eres?
Lagardère:
—Soy Lagardère. Y si no vienes a Lagardère… ¡Lagardère irá a ti!
(Abre la mochila y en vez de sushi saca una raqueta de pádel y un casco de bici fluorescente)
Aurora (influencer, entra grabándose con el móvil):
—¡Holiii! Estoy aquí con mi salvador. Dadle a like si creéis que este señor con chepa es sexy. #JusticeVibes
Chat de Twitch (en pantalla):
—🔥🔥🔥
—Ese repartidor es Dios.
—¿Se puede pedir venganza con Uber Eats?
Gonzague (nervioso):
—Esto es ilegal, yo tengo abogados.
Lagardère:
—Pues yo tengo cupones de Just Eat. ¡A duelo!
(Se enfrentan: Gonzague con una grapadora gigante, Lagardère con la raqueta de pádel. Suena música épica, pero Aurora la cambia por reguetón para ganar seguidores)
Aurora:
—¡Dale, Enrique! ¡Rompe la chepa-styleee!
Lagardère (dando un raquetazo):
—¡Chequea esta devolución!
(Gonzague tropieza con una impresora atascada y cae al suelo, derrotado. Aurora aplaude, la oficina hace la ola y el ficus de la esquina florece de golpe)
Lagardère (erguido por fin):
—La justicia ha vencido… y la mochila se devuelve en 24 horas o te cobran.
Aurora (al móvil):
—Y recuerden, chicos: suscríbanse al canal, que sin vosotros no habría justicia ni patrocinio de kombucha.
*(Se apagan las luces. Sale un rótulo: “Si no vienes a Lagardère… él te trae la venganza a domicilio”)
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