HAMLET

HAMLET                                                                                     **¡Oh Hamlet, mi Hamlet! — Crítica mordaz de una tragedia shakesperiana que necesitaba menos existencialismo y más cachetadas**



Antes de comenzar, me siento obligado a admitir que Shakespeare tenía un talento extraordinario para alargar las cosas. Cualquiera que haya intentado sobrevivir a una obra suya sabe que, si el tipo hubiera tenido un blog, su artículo sobre cómo cocer un huevo habría sido una epopeya de quince actos. Y "Hamlet" es, quizás, su máxima obra en lo que a alargar lo innecesario se refiere. 


### "Ser o no ser", ¿acaso hay otra opción?


La obra empieza con un príncipe que, a diferencia de otros príncipes que podrían estar disfrutando de la caza o cortejando a una docena de doncellas, se encuentra en plena crisis existencial. Y aquí empieza la primera de muchas preguntas que me hago: **¿es necesario que Hamlet se pase la obra entera dándole vueltas a su cabeza como si fuera un hamster emocional?** ¿No podría haber tomado una decisión rápida, vengarse de su tío y seguir adelante? ¡No! Porque eso habría hecho que la obra fuera mucho más corta, y todos sabemos que Shakespeare tenía una predilección por el melodrama interminable.


La famosa frase, **"Ser o no ser"**, que ya de por sí es bastante engorrosa, ¿no habría sido más sencilla si simplemente hubiese dicho: "¿Voy a vengar a mi padre o me largo a hacer algo más interesante, como gobernar un reino?”? Pero no, en lugar de eso, tenemos que soportar una disertación filosófica sobre la vida y la muerte que es la versión renacentista de un chico emo escribiendo en su diario. El pobre Hamlet se convierte en el primer “intelectual incomprendido” de la historia del teatro, y probablemente el primer tipo que necesitaba seriamente un terapeuta.


### ¿Un fantasma? ¿De verdad?


Luego está la cuestión del fantasma del rey Hamlet, que hace su entrada al más puro estilo Scooby-Doo. Seré honesto: nunca he sido fanático de las tramas que incluyen fantasmas como figuras reveladoras de la verdad. **¿No había una mejor manera de contarle a Hamlet que su tío lo había apuñalado por la espalda que no incluyera un espectro con luces y humo de fondo?** Si Shakespeare hubiera sido un director de cine moderno, la escena del fantasma habría sido una mezcla de efectos especiales tan innecesarios como la trama misma. 


Porque, vamos a ser sinceros, ¿por qué el fantasma no podía simplemente decirle a alguien más lo que pasó? ¿O escribir una nota rápida? ¡Oh, pero no! En lugar de resolver todo en cinco minutos con una revelación directa, el fantasma decide aparecerse sólo ante Hamlet y soltarle una críptica diatriba que bien podría haberse resumido en: "Oye, tu tío me mató, ve y arregla eso". Pero no, tenía que hacerse complicado porque es *arte*, amigos.


### El Club de los Indecisos Muertos


Uno de los problemas centrales de "Hamlet" es que todos los personajes principales sufren de una grave incapacidad para tomar decisiones rápidas. De hecho, si juntamos a Hamlet, a su madre Gertrude, y al pobre y patético Ofelia, podríamos fundar el **Club de los Indecisos Muertos**, porque parece que nadie en esta obra puede simplemente actuar sin primero pasar por cinco monólogos y un soliloquio interno. 


La actitud de Hamlet de "hacerme el loco para no hacer lo que tengo que hacer" se convierte en una suerte de comedia no intencionada. Para un príncipe que debería ser un modelo de virtud y decisión, Hamlet parece más un adolescente enfurruñado que no puede decidir si quiere venganza o quedarse en su habitación escuchando música triste. **¿Por qué no pudo simplemente apuñalar a su tío en el primer acto y ahorrarnos cuatro horas de lamentaciones?** Porque Shakespeare, amigos, porque Shakespeare.


### La madre más inepta del reino


Y aquí es donde llega Gertrude, la madre de Hamlet. **¿Cómo se puede ser tan ciega ante todo lo que está pasando?** Si el fantasma de tu difunto esposo aparece rondando el castillo y tu hijo se está comportando como si fuera parte de un club de teatro experimental, uno esperaría que tu sentido común entre en acción. Pero no. Gertrude se casa con el tío sin pensárselo dos veces, lo que nos lleva a la sospecha de que quizás su sentido común lo perdió en algún punto entre una copa de vino y un "hmm, mi cuñado no está tan mal". 


Y lo peor de todo es que Gertrude es completamente incapaz de hacer algo útil durante toda la obra. Es como si su única función fuera aparecerse de vez en cuando para llorar un poco, preguntar qué diablos está pasando, y luego retirarse de nuevo a su trágica inutilidad.


### Ofelia, la desdichada de manual


De Ofelia ni hablemos mucho, porque Shakespeare parece haberla escrito como la personificación de la desdicha femenina. ¿Podemos hablar de lo ridículo que es que se vuelva loca porque Hamlet la trata mal y luego termina ahogándose en un río porque, básicamente, la vida le parece un embrollo incomprensible? Ofelia es un ejemplo perfecto de cómo Shakespeare no tenía ni idea de qué hacer con sus personajes femeninos. Más que un personaje, Ofelia es una víctima con patas. **¿No podría haber tenido un poco más de agencia?** No. Ofelia es un "plot device" emocional, diseñada para darle más razones a Hamlet de lamentarse sin fin.


### El duelo más predecible del mundo


Y llegamos a la famosa escena del duelo, donde Hamlet finalmente toma las riendas de la situación. **¡Por fin! ¡Un momento de acción real!** Pero, por supuesto, la tragedia debía asegurarse de que todo el mundo muriera de manera ridículamente exagerada. Siendo honestos, la escena del duelo es el equivalente shakesperiano de una pelea de bar que ha sido coreografiada por un director de cine que piensa que todo debe terminar en tragedia. ¿Por qué no podía simplemente ser un duelo rápido y limpio? ¡No! Aquí todo el mundo tiene que morir por veneno, espadas envenenadas, copas de vino envenenadas, miradas envenenadas, y quién sabe qué más. Es como si Shakespeare hubiese pensado: "¿Cómo puedo hacer que esta obra termine de la manera más excesivamente trágica posible?"


### En resumen: un Hamlet con menos drama, por favor


En conclusión, "Hamlet" es una obra que habría sido mucho más efectiva si alguien le hubiera dicho a Shakespeare que la brevedad es el alma de la genialidad. El monólogo sobre la vida, la muerte, el ser o no ser, todo eso se siente como si el autor estuviera dando vueltas y vueltas sobre el mismo punto. **Hamlet es un tipo que, en lugar de actuar, piensa demasiado, lo que lo convierte en el perfecto protagonista de una tragedia, pero también en un dolor de cabeza para el espectador moderno.** Necesitaba menos soliloquios y más puñaladas rápidas. Y tal vez, sólo tal vez, el fantasma podría haber tenido un papel más útil que el de ser un ex-mafioso etéreo lanzando indirectas. Pero, al final, Shakespeare nos dio lo que quería: una obra sobre la indecisión, la fatalidad y un montón de muertos que bien podrían haber evitado su trágico destino si hubieran tenido un poco de sentido común.

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 HAMLET 2.0   **Shakespeare, te amamos, pero "Hamlet" necesitaba una buena dosis de acción rápida y menos monólogos existenciales. Y quizás una comedia de enredos en el medio.**                                   Imagina a Hamlet, pero en lugar de estar en un castillo danés lúgubre y lleno de pasadizos oscuros, está en la azotea de un rascacielos de Nueva York, mirando su iPhone mientras Spotify le reproduce una playlist de lo-fi sad beats. El chico lleva meses encerrado en su habitación, stalkeando a su tío Claudio en Instagram, viendo fotos de fiestas en yates y stories de él con su madre, Gertrudis, que actúan como si fueran la power couple del año. **¡¿Qué demonios, mamá?!**


Hamlet, un universitario crónicamente indeciso, empieza la historia en lo que hoy llamaríamos un "momento de crisis existencial full HD". **"Ser o no ser"**, se pregunta frente al espejo del baño, mientras se cepilla los dientes y deja caer algo de espuma en su camiseta de Nirvana. Hamlet no sabe si continuar con la carrera de filosofía o pedir el Uber Eats y ver Netflix en bucle. Pero claro, hay un fantasma de por medio, y no cualquier fantasma. ¡Es su padre! Aparece una noche en medio de un blackout tecnológico (internet caído, no hay Wi-Fi) mientras Hamlet se queja de la vida en Twitter.


"Escucha, hijo," dice el espectro del rey, apareciendo en la pantalla de su ordenador como si fuera una pésima señal de FaceTime. "Tu tío Claudio me metió una sobredosis de Xanax en el cóctel y se quedó con todo: el penthouse, la empresa, ¡y a tu madre! ¡Haz algo, por favor!"


Hamlet se atraganta con su matcha latte: **"¿Qué se supone que haga? ¿Posteo esto en TikTok? ¿Lo hago viral con un hashtag?"** Pero no, el fantasma insiste: Hamlet tiene que vengar su muerte, y no de cualquier manera. No, tiene que ser dramático, **"como en los viejos tiempos, hijo, al estilo shakesperiano"**.


Entonces, Hamlet empieza su gran plan de venganza, que consiste en hacerse pasar por loco. Pero, siendo 2024, no lo hace de la forma tradicional, sino a través de su perfil de redes sociales. Empieza a postear cosas raras en su Instagram: fotos en blanco y negro, poesía abstracta, memes sobre gatos con depresión. Su feed se convierte en un crisol de caos emocional que confunde a todos sus seguidores. Los influencers empiezan a especular: **"¿Hamlet está bien? ¿Es una estrategia de marketing?"**


Mientras tanto, su madre, Gertrudis, parece estar ocupada publicando selfies con filtros de perritos, abrazada a Claudio, quien, por cierto, ha lanzado una criptomoneda nueva y es CEO de un start-up sospechoso. Hamlet se siente traicionado y algo más: **asqueado**. Pero, claro, como buen milenial, no confronta a su madre directamente; prefiere mandarle mensajes pasivo-agresivos en el grupo de WhatsApp familiar.


Luego está Ofelia. ¡Ay, pobre Ofelia! En esta versión moderna, ella es la típica chica que se hace viral en TikTok con tutoriales de maquillaje y bailes. Hamlet la ghostea (qué ironía), y ella termina metiéndose en un reality show para superar la ruptura. Pero su vida se desmorona frente a la cámara: se pelea con todos, llora en directo y termina viralizándose con el hashtag #PobreOfelia.


Al final, todo se descontrola en una fiesta épica. Hamlet, Claudio y el resto de personajes están en una mansión tipo "Gran Hermano", con cámaras por todas partes. Claudio envenena el cóctel de Hamlet, pero accidentalmente lo bebe Gertrudis primero (porque, obvio, esta mujer no puede dejar de tomar tragos exóticos). Todo se sale de madre: la pelea final es transmitida en directo, Hamlet y Claudio se apuñalan mutuamente con… ¡cuchillos de sushi! Alguien lo filma y el video se convierte en tendencia.


Hamlet, antes de morir, susurra: **"Ser o no ser... todo era un gran clickbait."** Y así termina, con más de 10 millones de reproducciones y un contrato para un documental en Netflix. **¡Qué tragedia! Pero al menos lo petó en las redes.



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