CUENTO DE NAVIDAD

 CUENTO DE NAVIDAD 


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   ¡Atención! Esta reseña es apta solo para espíritus navideños con sentido del humor más afilado que las garras del Grinch. Si Dickens levantara la cabeza, probablemente se volvería a su tumba al escucharla... ¡así que prepárate para un viaje literario lleno de irreverencia, villancicos desafinados y mucha alegría!


### **Cuento de Navidad: Dickens y el Fantasma de la Corrección Política**


Arrancamos con el maestro Charles Dickens, el buen Charlesito, quien decidió crear **"Cuento de Navidad"** como quien prepara una cena navideña: con sobras de drama, un toque de paranormalidad barata y una pizca de moralina que haría suspirar hasta al monaguillo más cínico. Es una receta perfecta para que, en lugar de tragarse un pavo, el lector se trague **una reflexión existencial de proporciones escandalosas**. ¿Pero quién lo culpa? El hombre vivía en el Londres del siglo XIX, donde las calles olían peor que los calcetines de Bob Cratchit.


Aquí va una sinopsis para aquellos que hayan pasado su infancia debajo de una roca o, peor aún, sin televisión en Navidad (no te juzgo, pero te compadezco). En una Londres más neblinosa que el fondo de tu taza de café tras una noche de insomnio, vive un tipo de esos que ves en los bancos reclamando las comisiones: **Ebenezer Scrooge**. Imagínate a Scrooge como el tío rico que nunca saca la billetera en la cena familiar y al que se le caen los ojos de las órbitas solo de pensar en donar a la caridad. Este sujeto tiene más miserias que el baúl de los juguetes rotos, y no me refiero solo a su cuenta de ahorros (¡esa está rebosante de monedas y almas perdidas!), sino a su patético corazón, más seco que una galleta de jengibre en pleno julio.


### **Un argumento más previsible que los regalos de último minuto**


La historia comienza cuando **Jacob Marley**, el antiguo socio de Scrooge, decide aparecer en plan ectoplasma encadenado y con la peor melena post-mortem que hayas visto. Piénsalo como una especie de **Ghostbusters** victoriano, pero con menos tecnología y más cartón piedra. Marley llega como el aguafiestas navideño para anunciarle a su viejo compadre que tiene una agenda más apretada que Santa Claus en Nochebuena: tres espectros van a venir a darle una lección moral que le hará replantearse la vida. Un detalle: **Marley, al parecer, no tenía mejores cosas que hacer en la eternidad**. Yo me imagino que sus compañeros fantasmas están jugando a las cartas y él pensando: "¡Maldición, ojalá me hubiera muerto un poco más tarde para librarme de esto!"


Y aquí es donde empieza el carrusel de locuras. ¡Tres fantasmas! Como si con uno no bastara para hacer terapia de choque, Dickens nos regala un desfile espectral digno de una película de terror serie B.


#### **Fantasma del Pasado: Nostalgia, Lágrimas y Súper 8** 



El primero en aparecer es el **Fantasma de las Navidades Pasadas**, un tipo con una obsesión malsana por la nostalgia. Si te suena a ese amigo que nunca deja de hablar de "lo buena que era la música en los 80", no vas desencaminado. Este fantasma lleva a Scrooge de paseo por su triste infancia y su adolescencia aún más penosa, donde podemos ver que Ebenezer era un joven feliz hasta que descubrió el dinero. Le gustaba más la libra esterlina que un chocolate caliente en Nochebuena, y ahí comenzó su **camino hacia convertirse en un villano de Disney sin canción pegadiza**.


En este punto, es inevitable no soltar una lágrima. Pero ojo, **no por el drama, sino por la cara de avinagrado** que pone Scrooge mientras se enfrenta a su propio pasado. ¡Es como ver a un tipo obligándose a leer sus antiguos tuits vergonzosos en público! En ese viaje introspectivo, uno empieza a entender que este hombre tiene el corazón más enterrado que los regalos baratos al fondo del árbol.


#### **Fantasma del Presente: Una fiesta donde no te invitan**


El segundo en la lista de espectros invitados a este festín es el **Fantasma de las Navidades Presentes**, quien, en una especie de extraña justicia poética, **se parece a Papá Noel tras darse un atracón de mazapán y sidra**. Este fantasma es todo alegría, jolgorio y risotadas mientras arrastra a Scrooge de un lado a otro para que observe cómo la gente a su alrededor **se divierte a lo grande, pero sin él**. A pesar de que lo intentan ocultar tras todo el "ho ho ho", queda claro que este fantasma básicamente le está restregando a Scrooge que es un aguafiestas de primera.


Este es el momento en el que Dickens nos mete de lleno en la pobreza victoriana, porque el autor, además de entretenido, era un tipo concienciado con los problemas sociales. Nos presenta a la familia Cratchit, quienes, a pesar de tener menos recursos que un estudiante universitario, **lo están pasando bomba**. Lo único que podría aguar la fiesta es la triste figura de **Tiny Tim**, un niño cuya salud está más frágil que un adorno de cristal barato. ¿Y sabes qué? ¡Este crío es el único que tiene fe en que el viejo Scrooge no es un asco total! Si eso no es el verdadero espíritu navideño, ¡yo ya no sé qué es!


#### **Fantasma del Futuro: El spoiler más macabro del siglo XIX**



Y llegamos al colofón, amigos. **El Fantasma de las Navidades Futuras**, una criatura tan aterradora que parece haber salido directamente de una lista de los villanos menos queridos de la historia. Este espectro tiene el carisma de un director de banco cobrándote comisiones, pero va directo al grano. Su plan es simple: **mostrarle a Scrooge su tumba y reírse en su cara**. En serio, este espectro no tiene la más mínima consideración por el pobre Ebenezer, a quien básicamente le enseña que si no cambia su actitud, su muerte será celebrada por todos con más ganas que las rebajas de enero.


Es aquí donde Dickens nos da el giro final, un giro tan obvio que podrías verlo venir desde el Polo Norte: **Scrooge se arrepiente de su vida de avaricia y decide convertirse en el héroe de la Navidad**. Empieza a donar a los pobres, a reírse como si hubiera inhalado helio y hasta se hace amiguito de Bob Cratchit, ¡un milagro navideño en toda regla!


### **Moraleja: No seas Scrooge (o al menos, no hasta el final)**


Y así concluye este cuento lleno de moralina, fantasmas con problemas de agenda y transformaciones personales que solo ocurren en los libros (y en las comedias románticas de Hallmark). ¿El mensaje? Clarísimo: **no seas un Scrooge**. O si lo eres, al menos asegúrate de que te visiten unos cuantos espectros antes de que sea demasiado tarde.


**"Cuento de Navidad"** es un libro que ha aguantado el paso de los años como los villancicos pegajosos que nadie se cansa de escuchar. Dickens, con su fina pluma y su pasión por los desfavorecidos, creó una historia que nos recuerda que la generosidad, la alegría y las segundas oportunidades son el verdadero espíritu de la Navidad.


Pero si vas a recordarlo con algo de sarcasmo, no te olvides de esta reseña: **al final, siempre es más divertido ser un poco gamberro... hasta que te visitan los fantasmas.**                                                                                                                                                                                                                                                                                   --------------                                                                               


                                                                                                                                                                        Era la cena de Navidad en casa de los Ramírez, una familia típica: padre, madre, dos hijos adictos al móvil y un cuñado que, como todos los años, llegaba con la misma actitud de Grinch con resaca. Ese cuñado se llamaba **Paco**, un hombre que odiaba la Navidad con la misma intensidad con la que el resto amaba el turrón. Paco no era malo, simplemente había hecho de odiar las fiestas una misión personal. Desde su camiseta con un **"Elfos son para perdedores"** hasta su teoría de que **Santa Claus es solo un invento del marketing** para vendernos calcetines feos, Paco era el aguafiestas oficial.


Este año no iba a ser diferente. Nada más sentarse a la mesa, soltó una de sus típicas perlas:


—Mira que hacéis el ridículo con tanto espumillón. En serio, ¡si todo esto es una farsa! ¿Sabéis lo que yo quiero por Navidad? ¡Que me dejéis en paz!


Todos suspiraron. Era como una tradición navideña tener que aguantar a Paco y su cruzada anti-espíritu festivo. Pero esa noche iba a cambiar todo. Porque lo que Paco no sabía era que tres "visitantes" muy particulares estaban a punto de aparecer. **"¡No es lo que parece!"**, se disculparía más tarde con lágrimas en los ojos, pero ¿acaso no es eso lo que dicen siempre los Scrooge de hoy en día?


La cena transcurrió más o menos como siempre: Paco criticando el árbol, la comida ("¡polvorones otra vez!") y hasta la selección de villancicos, cuando de repente… **¡apareció en la sala un tipo vestido de reno!**


—**¡Ho, ho, ho!** —gritó el hombre-reno, mientras hacía sonar unas campanitas. Paco lo miró con horror.


—¿Qué demonios…?


—Soy el **Fantasma de las Navidades Pasadas**, Paco, ¿te acuerdas de cuando te encantaba la Navidad? ¡Veamos tu pasado! —dijo el reno, sacando un viejo álbum de fotos donde Paco aparecía con seis años, disfrazado de ángel, repartiendo besos con purpurina.


Paco intentó negar todo, pero era inútil. El Fantasma lo dejó ahí, ruborizado por sus recuerdos olvidados.


El siguiente visitante fue un tipo con jersey de renos y gorrito navideño: el **Fantasma de las Navidades Presentes**. Le mostró a Paco cómo su familia **lo aguantaba por amor**. Al ver a sus sobrinos comentar en WhatsApp: "Paco siempre está de malas, pero al menos trae buenos regalos", algo en su interior empezó a ablandarse.


Y, por último, llegó el más temido: un hombre vestido de negro con un aire muy lúgubre.


—Soy el **Fantasma de las Navidades Futuras**, Paco, y si no cambias, esta es tu cena de Navidad de 2030 —dijo, señalando una mesa vacía con una sopa instantánea. Solo un gato pasaba por allí maullando.


Paco, aterrorizado, gritó:


—¡No quiero acabar solo con una sopa de sobre! ¡Voy a cambiar!


Y así, el **Paco-Scrooge** moderno abrazó la Navidad, aunque siguió odiando el espumillón (nadie es perfecto).

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